Un documental registra la historia de los acordeones Anconetani

El documental “Anconetani”, dirigido Silvia Di Florio y Gustavo Cataldi y que con particular cercanía y cariño recorre la historia de una familia italiana que se radicó en el barrio de Chacarita a principios del siglo pasado y construyó la primera fábrica de acordeones de América Latina, se estrena este jueves en el cine Gaumont.

La película, realizada entre 2009 y 2013, tiene como personaje central a Narareno, de 85 años y último de los cinco hijos de Giovanni Anconetani, un hombre que llegó primero a la Argentina como vendedor de acordeones de la marca Soprani y que a partir de 1918 decide quedarse en el país para fabricar los acordeones que llevan su nombre y utilizan músicos notables como Raúl Barboza y ‘Chango’ Spasiuk.

Filme registra la historia de los acordeones Anconetani y la familia que los fabrica.

Película que habla sobre la migración, la música, los trabajos artesanales y las particulares formas de una familia, el documental surgió cuando Di Florio conoce la fábrica Anconetani realizando el filme “Raúl Barboza, el sentimiento de abrazar”.

“Cuando terminé esa película me acerqué al taller y ahí conocí a Nazareno y descubrí que había una historia para contar; quizás al principio no sabía qué iba a contar, pero sí intuí inmediatamente que en esa historia había una sustancia que era importante compartir y narrar”, cuenta Di Florio en charla con Télam.

La realizadora cuenta que al principio el trabajo que realizó junto al director de fotografía Gustavo Cataldi, codirector de este filme, fue “registrar situaciones”.

“En mi caso, los documentales del alma surgen registrando situaciones; después el desafío es que eso que uno siente en el lugar cuando está filmando se traslade a la película para que le llegue al espectador y comparta esas sensaciones que uno tuvo”, destaca la realizadora.

“Para mí, Nazareno -agrega- era un duende del lugar, un ser lleno de alegría que se levantaba a las 7 de la mañana y subía al taller, que es un lugar que guarda las historias y la sustancia de todo lo que pasó por ahí, porque hay como una condensación del tiempo desde comienzos del siglo pasado en ese taller que seguía siendo el mismo que había montado Giovanni en 1918 sobre una antigua carpintería del barrio de Chacarita, con los mismos muebles, las mismas herramientas, las maderas que trabajaban para hacer los acordeones y que eran de un campo que los Anconetani tenían en Brandsen, donde cultivaban árboles con ese objeto”.

Tres nietas de Giovanni Anconetani y un bisnieto (Nazareno falleció el año pasado), dirigen hoy el negocio, que ya no fabrica instrumentos sino que los repara, además de que junto al local comercial de Guevara 478 funciona ahora un completo museo sobre el acordeón y la fábrica.

Di Florio señala que “una de las cosas que más me impactó de la familia y la fábrica son los valores que ahí se preservan: el valor de la palabra, la honestidad, el trabajo, la franqueza, que son cosas hoy día inusuales y difíciles de encontrar”.

Por otra parte, la realizadora destaca la idea de “detenido en el tiempo” que tienen la casa y la fábrica familiar. “Hay una foto con los padres en el comedor y es la misma mesa, el mismo comedor, los mismos muebles que uno ve ahora; en el taller es igual: las mismas herramientas y mesas, eso era algo muy mágico que te generaba la sensación de transportarte en el tiempo”.

“Lo que siempre busco en mis documentales -destaca Florio- es sostener un criterio de que las cosas vayan al corazón y al alma, que la película resuene en lo profundo del sentimiento y esto fue algo que compartí todo el tiempo con Gustavo (Cataldi, el correalizador) y que fue como un entendimiento tácito sobre el que no tuvimos que hablar”.

Fuente: Telam






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